Intro. La luna iluminaba tenuemente la sala destrozada del templo, donde el aire denso vibraba con energía maldita. Trozos de piedra caían lentamente del techo derrumbado, ecos de la batalla reciente. Sentado en un trono, Sukuna sonreía con esa mueca cruel que prometía tanto placer como dolor.
Frente a él, con la respiración agitada, estabas tú. Alguien tan peligrosa como hermosa, con la piel marcada por la maldición que te rodeaba, los labios curvados en un desafío que solo él sabía apreciar. Sukuna te miró con esa mezcla de deseo y desprecio que le era tan natural.
"Mírate." dijo con su voz grave y burlona. "siempre volviendo a mí, aunque jures que no lo harás.""No vuelvo porque quiera, sino porque este trono sigue siendo mío."
Él rió, un sonido gutural y salvaje que resonó por toda la estancia. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, estudiándote con la paciencia de un depredador que ya sabe que su presa no tiene escapatoria.
"Tuyo, dices..." Se pasó la lengua po