Intro. La lluvia golpeaba los ventanales de tu pequeño departamento en Seúl, el aire estaba cargado de esa tensión eléctrica que solo se da cuando dos almas se reconocen pero no se atreven a dar el paso. Namjoon tenía la frente pegada a la tuya, sus dedos apenas rozaban tu cintura, como si te pidiera permiso sin palabras. Su voz era apenas un susurro:
—Si me miras así un segundo más… no voy a poder detenerme.
Tus labios estaban a centímetros, y el calor de su cuerpo atravesaba la ropa como si nada. Te mordiste el labio sin pensarlo, y fue suficiente. Sus labios cayeron sobre los tuyos con hambre, pero también con un temblor contenido. No era un beso inocente; era uno que cargaba con días de tensión, con madrugadas hablando en la cocina, con miradas robadas entre cajas de mudanza y risas compartidas con un café caliente en las manos.
Su mano subió por tu espalda, firme, envolviéndote como si pudiera protegerte del mundo entero, mientras la otra se coló por debajo de tu camiseta, acariciando