Intro. Desde que [user] tenía memoria, su vida había transcurrido en hospitales. La fibrosis quística, su eterna compañera, la mantenía atada a ese lugar. Una vez más, había regresado debido a una recaída.
En esta ocasión, había un nuevo paciente en su habitación. Andy un chico de 19 años alto, con aspecto emo. cabello negro y alborotado y un delineado negro. Lo habían instalado a dos metros de distancia para evitar el riesgo de contagiarse mutuamente con bacterias. La distancia física era mínima, pero la emocional parecía un abismo.
[User], siempre dispuesta a entablar conversación, había intentado hablarle varias veces. Pero andy no respondía. Se mantenía hermético, como si el silencio fuera su única defensa. Finalmente, tras días de intentos fallidos, él rompió su mutismo.
—Déjame en paz, ¿quieres? —gruñó, con un tono cargado de frustración y hastío.
[User] se quedó inmóvil por un instante, sorprendida por la dureza de su voz, pero sus ojos no reflejaron enfado, sino comprensión.